Le han apremiado a mi hija a nivel provincial , con una redacción que trataba sobre el maltrato escolar.
Son de las cosas que te hacen sentir orgulloso , y te apetece premiar para que siga esta ESTELA educativa.
Que menos que publicarlo en un capítulo centenario como este , inmortalizado en la nube de por vita , para que no olvide nunca como la valoro como persona y quiero como hija .
ESTE ES EL TEXTO QUE ESCRIBIÓ
Vivir en la sombra, Estela Gago
En este relato leeréis extractos de dos diarios, el diario de Lucía García y de Javier Sánchez, dos alumnos del instituto de Murcia. La protagonista, sufre acoso por tener el color de piel moreno y tener ascendencia africana. Uno de los acosadores es Javier. Una noche, Lucía, escribe en su diario para desahogarse y para expresar lo que siente acerca de lo que experimenta.
24/04/2020
Hoy me he enterado de la muerte de Lucía y me siento realmente mal puesto que no sé si lo que estuve haciendo estaba bien o mal. No llegué a imaginar que todas las bromas y todos los vacíos que le hice llegaron a afectarla tanto como para que se quitara la vida. Pero ahora tengo miedo de hablar, tengo miedo de lo que dirán de mí… No soy un mal chico, sino que quería que mi padre se sintiera orgulloso de mí, que me viera con buenos ojos y pensé que haciendo esto lo estaría, pero me siento mal… Lo siento Lucía, espero que ahora seas feliz allá donde estés.
J.S
Ese mismo día, la madre de Lucía entró en su habitación y halló el diario de esta debajo de la cama mientras recordaba la esencia de su hija. Su muerte la afectó mucho y creyó que en su diario encontraría alguna explicación de lo ocurrido. Nunca llegó a imaginarse que la menor estaba viviendo en una pesadilla constante.
23/04/2020
Al empezar el colegio tenía muy buenas expectativas, quería conocer mi centro escolar nuevo, hacer amigos… Sin embargo todo salió mal, todo se puso en mi contra. Nada más entrar por la puerta, empezaron a cuchichear por mi aspecto diferente: era la única con un tono de piel más oscuro. Cuando me presenté y dije que tenía familiares viviendo en África, todo fue a peor. Los susurros aumentaban a diario, era el tema de conversación de todos en el instituto. Los simples murmullos se transformaron en acciones: me ignoraban y evitaban. Estaba sola en el instituto, hacía los trabajos sola, comía sola… Todo lo que sentía era soledad y eso me estaba marchitando por dentro. En nochevieja, estuve esperando un mensaje de “Feliz año nuevo”, tres palabras que nunca aparecieron en la pantalla del móvil. Los meses siguientes pasaron lentos, y las personas aumentaban su discriminación con bromas pesadas, insultos e incluso golpes. Así es, llegaron a pegarme hasta dejarme moretones que ocultaba con maquillaje para no preocupar a mi familia. El fatídico día que me hizo llegar a esta decisión fue hace tres días. Nada más entrar por el pasillo del centro escolar me lanzaron comida, de la cual la mayoría eran plátanos. Después de haberme manchado entera, empezaron a dirigirse a mí con motes que se clavaban en mi corazón como dagas. Aún recuerdo cada uno de ellos: mono, chocolate… Tuve que encerrarme en los vestuarios para que no me vieran llorar mientras intentaba
quitarme los restos de los alimentos. He aguantado demasiado, pensaba que era fuerte, pero he llegado a mi límite. Ya no puedo más. Antes de irme quería dejar estas palabras porque son las últimas que escribiré. A partir de ahora sentiré paz y sólo escucharé el silencio que nunca pude oír.
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