Hoy te hablo a ti . Me conoces desde antes de que naciera .
Fuiste compañero de viaje de una saga que eligió caminar
contigo .
Recuerdo , que de pequeño , me ponía a tu vera para
comprobar cuanto había crecido . Eras más alta , hasta que te deje atrás .
Recuerdo , de impulsarme agarrado a ti . Me viste reir . Y
llorar , sobre todo cuando perdía el Athletic .
Nadie entiende mejor las decisiones humanas . Nos sinceramos
al tocarte .
Solamente en Bilbao habrá más de 3000 bares , restaurantes ,
pubs y cafeterías .
Ahora con el covid pasará a desaparecer muchos de ellos .
Otra cosa son las cadenas y franquicias , se multiplican .
De hecho , junto al resto de comercios , la tasca está en vias de
extinción . He ahí el problema , los
gigantes .
Y en esas diatribas
estábamos cuando llegó el bicho con nombre de corona . No solo a cambiado
nuestras vidas . Los adioses son más tristes . Sea persona o negocio . A veces
van de la mano . De ahí que me alivie saber que los restaurantes que han
logrado abrir tengan reservas . O que las tiendas recuperen , poco a poco ,
parte de su clientela .
Pero no puedo evitar pensar en los mas débiles . Bares de
barrio con alma de pueblo o de pueblo con tamaño de barrio . Los que heredaron
el espíritu de las tascas con fluorescente en el techo y serrín en el suelo .
Rincones tan humildes que el cliente se sentia importante .
Barricas vacías botellas inertes sobre
baldas olvidadas .
Lugares donde el tiempo se estancaba en los calendarios y un
pata de jamón sudaba sobre la barra . Alli hasta la luz pedía permiso para
entrar , y el retrete estaba al fondo a
la derecha .
Apenas quedan ya , la mayoría se reinventaron . No solo por
higiene . Por supervivencia . Y el
porrón , la bota y el pellejo de vino pasaron a ser decoración y luego recuerdo
. Como los carteles de Cinzano y KAS , cuando aún tenía equipo ciclista. O el
póster de algún Athletic campeón , junto al banderín deshilachado de un partido
que nadie recuerda .
Testigos callados ante una clientela que permanecía el
tiempo justo y necesario para pegar dos tragos y dar la extrema unción a un
txikito . Tascas donde la tapa ni estaba ni se le esperaba . Hasta el pintxo
era algo exótico y para acompañantes del bebedor .
Tabernas sin futuro cargadas de pasado . El suyo y el de
cada codo que se apoyaba en ellas .
Me he alejado de ti en esta pandemia , pero espero regresar
y no irme del todo .
Estas lineas las escribo desde casa , pero podria hacerlo apoyado sobre tu cuerpo ,
de madera , granito , mármol o metal .
Dirán que exagero , que estoy loco , da igual .
Quiero gritar al mundo que te echo mucho de menos , porque yo , y lo digo con orgullo , creci pegado a la
BARRA DE UN BAR
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