El capítulo anterior me hace reflexionar y seguir
denunciando la tiranía del algoritmo que nos viene encima . Ni siquiera los
totalitarismos más salvajes del siglo XX , como el nazismo o el estalinismo ,
pudieron colonizar al ser humano libre , y ahora puede ocurrir. El
totalitarismo digital puede ser más dañino que todos los que hemos conocido.
No estoy en contra de la tecnología ni contra el desarrollo
humano , pero estoy en total desacuerdo con el totalitarismo tecnológico que
tratan de imponernos empresas que todos tenemos en la cabeza , gigantes
tecnológicos que quieren controlar nuestras vidas y convertirnos en meros
consumidores y anularnos .
Google , Amazon o Facebook,
que nos recuerdan a los totalitarismos políticos e ideológicos que
llevaron a la humanidad a grandes catástrofes . Pero este nuevo y renovado
totalitarismo es más inteligente , controla ya todos nuestros sistemas de
comunicación y amenaza la forma de relacionarnos los unos con los otros .
Un totalitarismo que no es nuevo en la historia , pero sí
“muy sibilino “ . Se está imponiendo sin violencia , mediante una especie de
adormecimiento en el que el ser humano puede caer convencido de la placidez que
significa no pensar , no reflexionar , no tomar decisiones , no tener sentido
del dolor o de la muerte .
La cultura , que es lo que construye nuestra identidad ,
debe dar un grito mostrando su disconformidad . Los alumnos en las aulas
reivindican su derecho a la mediocridad .
En vez de reivindicar la excelencia , en vez de apostar por
la cultura crítica como antídoto frente a los peligros de la idiotización ,
abogan por el derecho a la mediocridad , defendiendo con cierto orgullo el
derecho de ser ignorante .
La piratería digital de los contenidos culturales a gran
escala , está promovida por las mismas macroempresas tecnológicas . Esta
práctica conduce al creador a la indigencia , pues sin el cobro de sus
honorarios por los derechos de autor difícilmente incluso podrá sobrevivir
físicamente .
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