Una
nueva palabra que asociaremos al miedo , un buen nombre para el personaje malo
de un posible comic.
Una
palabra que nuestro cerebro asociará cognitivamente con nuestro almacén de recuerdos , y nos
acordaremos de nuestros seres queridos , fallecidos o exparejas después de
aquellas broncas en la famosa cuarentena del 2020 .
Mi cerebro
me lo asociará al capítulo 60 de este mismo blogg , escrito el doce de
septiembre del 2015 .
Y le
daré la chapa a mis futuros nietos al respecto ……. “ Yo ya lo predijé “ eso
les diré siempre y cuando me lo permita al Alzheimer…………..
Pero
ahora no es momento de ponerse galones al respecto , lo cual no lleva a ninguna
parte , es cuestión de analizar porque tenemos miedo y como gestionarlo de la
mejor manera , antes de que se nos hinche la vena nazi que tenemos todos oculta
, y te decidas por colocar un letrero en la puerta del portal , para invitar a
que abandone la comunidad el vecino médico que te puede salvar la vita del
mismo coronavirus , o del puto alzheimer .
“Hace
una noche fantástica”. “Esta noche morirás”. Si oímos ambas frases, es sin duda
esta última la que captará nuestra atención.
Del
mismo modo, haremos más caso a las informaciones alarmantes sobre el
coronavirus que a las informaciones tranquilizadoras. En un entorno de alta
saturación informativa como el nuestro, atender preferentemente a determinados
contenidos va en detrimento de otros y genera percepciones distorsionadas.
Biológicamente estamos programados para
focalizarnos en aquello que constituye una amenaza o que percibimos como tal.
Es una cuestión de mera supervivencia. Si no apreciamos que hace una noche
fantástica, es una pena, pero no tiene mayores consecuencias.
Los
medios de comunicación hace mucho tiempo que conocen y explotan este rollo
mental para captar nuestra atención. Tienden a poner el foco en la parte más
negativa de cuanto acontece hasta el punto que, en el entorno periodístico, se rigen
con el principio de que si no hay noticias sobre una determinada cuestión es
una buena noticia porque, cuando ocurra algo malo, ten la certeza de que te lo
van a contar.
En
muchos aspectos, las redes sociales han seguido este patrón. Aunque a menudo
mostramos en ellas la cara más amable de nuestras vidas, solemos generar
indiferencia, envidia o incluso rechazo. En cambio, cuando se produce un suceso
trágico, la actividad en las redes se dispara.
Hay un
aspecto, no obstante, en el que redes sociales y medios de comunicación
tradicionales difieren significativamente . En las redes sociales hay un poco
de todo: contenidos muy rigurosos, contenidos bienintencionados pero que
presentan notables carencias e imprecisiones, y contenidos creados con la única
y malévola finalidad de desinformar.
En
ámbitos como la política o la salud , la desinformación resulta particularmente
nefasta porque puede llevarnos a tomar decisiones contrarias a nuestros propios
intereses sin tener conciencia de ello. Lo peor del caso es que, en las redes
sociales, las informaciones falsas circulan más ampliamente y con mayor
velocidad que las verídicas , de modo que resulta difícil de contener .
Este
brote vírico conlleva un riesgo muy real , no os kepa ninguna duda .
Pero si nos
exponemos a él voluntariamente, generamos una sensación de control que hace que
nos sintamos más protegidos que cuando el riesgo se nos impone sin que hallamos
decidido asumirlo. En el caso de un virus potencialmente letal y de fácil
propagación, obviamente nadie lo percibirá como un riesgo libremente asumido.
Se trata
de un riesgo complejo. Nada que ver con riesgos tan fáciles de entender como el
de circular contra-dirección por la autopista o el de pasear por un acantilado
en pleno temporal. A mayor complejidad , mayor también la percepción de
peligro.
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